viernes, 18 de mayo de 2012

La óptica Caribou en Madrid



Fotos: Picapino
O me cambio de gafas y me depilo las cejas (y adelgazo y me quito las camisetas rotas y me corto el pelo) o mi amiga Dori deja de hablarme. Porque la amistad está hecha a prueba de bombas, pero no aguanta unas puntas abiertas y un cutis sin hidratar.

Así que el sábado, que me tomé el día libre mientras Javi y Manuela se iban a Villalba a ver a los abuelos paternos, directas que nos fuimos a la óptica Caribou a echar el ojo a las próximas gafas que voy a comprarme. Y me probé unas cuantas, porque en esta óptica que te quita el sentido de bonita que es, además te atienden siempre con una sonrisa enorme y una simpatía sin igual, que se ve incluso cuando una miope como yo les mira a través de un cristal sin dioptrias corregidas. Y por si fuera poco, encima tienen unos muebles que tuve a bien no llevarme por el simple hecho de que no caben en el bolso. Ahí están sus gafas super modernas para que te pases un rato mirándolas y pensando al mismo tiempo lo bien que quedaría ese aparador en el salón de tu casa.

Os recomiendo enormemente la visita a esta óptica si necesitais una reforma ocular o unas gafas de sol de cualquier tipo. Y por cierto, ¡gracias chicos por dejarnos hacer las fotos de vuestros muebles y por tener la paciencia del mundo enseñándonos todas esas monturas tan chulas!

NOTA DE LA AUTORA: mamá, Javi (y si hay algún mecenas por ahí suelto esto también va por él): ya tengo la referencia de las monturas que quiero y se acerca mi cumple. Ahí lo dejo, jajajaja.

miércoles, 16 de mayo de 2012

La estantería y el armario de Miguel



Fotos: Mario
Es que es acordarme de la calle Pelayo y me entra una nostalgia... Antes de mudarnos al infinito, en aquel lugar en el que Cristo perdió las chancletas, Javi y yo vivíamos en todo el centro de Madrid. Nuestra casa era chiquitita, recogida, como concentrada, pero ¡hemos sido tan felices ahí! Snif, snif... lo que lloré cuando nos mudamos... Ni la expectativa de tener todos los armarios empotrados del mundo pudieron con la pena de marcharme del meollo. Ni aunque comparado con nuestro mini nicho de amor, el nuevo piso pudiera ser la sede de las Naciones Unidas con lugar de hospedaje incorporado para todos los conferenciantes... Menos mal que ahora somos felices en este barrio del lejano sureste y tengo los armarios llenos a rebosar de cosas que antes tendría que haber regalado o tirado. ¡Tengo hasta una balda para toallas y otra para sábanas!

El caso es que nuestro ex-vecino Miguel es una de las cosas buenas buenísimas que hemos dejado en el barrio de Chueca. Esas conversaciones de terraza a terraza por encima de la calle no tenían precio. Pero bueno, menos mal que hemos seguido manteniendo el contacto.

Así que Javi fue para su casa el otro día para montarle un armario que quería para el baño. Supongo que detrás de esas puertas se esconden todos los trucos de belleza y las pinturas más fashion del mercado que yo nunca dominaré. Porque Miguel es un artista del maquillaje y su vida está llena de glamour y viajes por todo el mundo, de famosos/as con necesidad de un retoque para una revista, para una cena, para una boda... Increíble. Hay todo un mundo más allá del rimel y desde luego, en él habita Miguel como si hubiera nacido para ello. Envidia pero de la sana.